TE busco ciego y sediento en la niebla
del
mundo, inconsciente, disolviendo
con
el calor de las mullidas yemas
de
mis dedos rígidos. Y rompiendo
voy,
poco a poco, la escarcha del cielo
calentado
estrellas con el aliento
vivo
de mis entrañas, de mi anhelo
dulce.
Sátira enérgica del viento
que
fluctúa, danzante, entre ramas y hojas
de
los chopos y olmos mustios y muertos.
Y
mis lágrimas quedan, pues, cojas
y
mi voz expira ya sin remiendos
y
mis esperanzas quedan ya flojas
si
mis deseos quedaren ya muertos.
Néstor, Poeta a los 18, Soneto IV.
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