“¡Ruiseñor mío!
¡Ruiseñor!
¿Aún cantas?”
No,
Lorca; ya no canta. Estás muerto y olvidado, abandonado en alguna cuneta o
descampado. Tu osamenta descansa en alguna fosa común perdida por los parajes
de tu tierra morena y de olivos, de flamencos y farolillos. ¿No te das cuenta?
Eres polvo en la sombra, polvo olvidado y desconocido. “Si mis manos pudieran
deshojar” la tierra que te tapa… no podríamos hacer nada, la ley no lo ampara;
Es un delito devolver la dignidad a los muertos.
El
mundo se ha vuelto loco, es delito dar el santo descanso y más necesario para
una víctima de asesinato, sea quien sea y sin importar color de brazal, bando o
ideas. Las leyes, pseudorectoras de lo que está bien y lo que está mal, amparan
la inmoralidad de la situación y castiga a quienes, aunque oportunista e ideologizadamente,
pretenden salvaguardar el honor del hombre como lo hiciera el juez Baltasar
Garzón, que compadeció ante un juzgado el pasado 8 de febrero, por un supuesto
delito de estafa. Y bien pudiere ser que esa estafa fuese un cargo más que
lanzar sobre aquél que podría hacer mucho daño al revolver las tierras de
España y no sólo literalmente.
Son
muchos los cadáveres perdidos, fruto de la Guerra Civil, en fosas comunes
desconocidas a lo largo de las tierras hispanas. Se conoce la situación, pero
no se actúa; se intenta no rememorar “una
situación olvidada ya con la transición y la democracia”, pero la herida
queda abierta.
Para
intentar cerrar esta herida, se aprobó en el año 2007 la “Ley para la Memoria
Histórica”, cuyo fin era aumentar los
derechos y las libertades de los perseguidos y represaliados de la Guerra Civil
y la dictadura. Esta ley, implicaba la colaboración del Estado para
cicatrizar la brecha no sellada hoy día. Tales fueron las medidas como la
creación de un organismo para el estudio sobre la Guerra Civil, la localización
de fosas comunes y la colaboración para exhumar los cadáveres; e incluso la
retirada de símbolos que evoquen a la
exaltación del levantamiento militar y la represión de la dictadura. Cabe
destacar, que esto último, aunque los rumores y debates mencionen lo contrario,
no implica las obras artísticas, arquitectónicas o religiosas.
Pero
el problema reside en doble nicho (perdón por la palabra si ofendiese a algún
familiar de los asesinados en el conflicto). Por un lado, estamos ante una
fuerte politización donde unos buscan cierta venganza ante lo que podríamos
llamar “fracaso” y ante la represión durante la Guerra y la dictadura. Y si nos
fijásemos un poco lo podríamos advertir en el hecho de que parece que las
medidas sólo amparan al bando, por decir así, perdedor. Si bien tengo claro, la
intención de la “Ley para la Memoria Histórica” es el aumento de derechos y libertades para los represaliados en Guerra y
dictadura, pero ¿se dirige dicha ley al favor de todos los españoles, sin
importar su seña política? Ecce problema.
Cada persona suele decantarlo para su lado.
Y
el segundo bache de la cuestión, descansa sobre la negación o rechazo de
colaboración de algunas mentes a la causa de curar por siempre la herida. Ha
habido gente en contra de cualquier avance en dicho proyecto ya que supondría
abrir de nuevo la herida que se supone olvidada
con la transición y la democracia. Entre estos detrimentos sin cordura ni
amor a las víctimas (de ambos bandos, vuelvo a repetir), se encontraba el
Partido Popular, actual gobernante de nuestro país. Y para colmo, lo ampara la Ley de Amnistía publicada en el BOE de
1976.
Y
siendo sinceros, me causa pavor que eso suceda así: La cordura de los hombres
no se puede degradar al no afrontar la situación con cabeza. La guerra, gran
catástrofe al honor provocada por españoles y dirigida hacia los españoles (por ambos bandos),
sucedió hace ya bastante tiempo y nada ni nadie podrán evitar lo acontecido. Por
otro lado, existen fosas comunes que albergan en sus entrañas restos mortales
de personas asesinadas a las que no se les ha dado un entierro digno. Y me
refiero aquí también a ambas partes; no sólo hay Lorcas por ahí perdidos, sino
también personas cuya vida fue arrebatada por manos republicanas o anarquistas.
Durante el conflicto se acabó también con la vida de varios miles de religiosos
como sacerdotes u obispos y quizá por ahí estén sus huesos, junto con rosarios
y estampitas de nadie.
Seamos
serios, urge la cordura y mentalizarnos de una necesidad de dignidad hacia unas
personas de cobijo desconocido que fueron asesinadas y algunos asesinos: porque
en tiempo de guerra no se salva nadie del crimen. Pero quizá esto no esté hecho
para nosotros, porque viendo el panorama actual, estamos rodeados de niños
ideológicos dañados por mentalidades oportunistas y acomodadas. Quizá el futuro
sea más claro y encontremos a los buenos regidores de dicha lucha por sellar
con cadenas un volcán mal tapado bajo el testimonio del miedo, el silencio y
los recelos político-ideológicos.
Hasta
el momento vayamos cavando una fosa para la cordura, que enferma queda en manos
de trogloditas sin cabeza que tienen complejo de “españoles”. Sí, simplemente
acomplejados, porque no quieren admitir que un problema que afectó a nuestro
país no está todavía enterrado. Sin embargo, hay hombres y mujeres que sí lo
están y, pudriéndose, sus huesos están mezclados con los de otros y rozándose
con las balas de metralla que un día acabaron con sus vidas.
SIT
SIBI TERRA LEVIS
Que
Dios perdone a las víctimas de sus crímenes y nos perdone a nosotros; ha muerto
la cordura.
Néstor


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