29 de febrero de 2012

Tratado sobre la vida en sociedad


 Introducción


 He aquí un estudio filosófico sobre la vida en sociedad dentro del hombre donde se abordan asuntos como el origen de la misma, y las relaciones que el hombre tiene con ésta y ésa con el hombre. Debo decir, que mi intrención no es otra que estudiar analíticamente, independientemente de mi mediocridad o falta de rigor y conocimientos filosóficos, cómo se debe fundamentar la sociedad en base al hombre y todos sus aspectos destacables como son su esencia o sus exigencias. Por otro lado, en dicho tratado se aborda no sólo el problema de la sociedad, sino también la ética y el recto comportamiento dentro de ésta y ahondaremos, todo lo que mis conocimientos me permitan, dentro de lo que es la dimensión legislativa y política.



 I.    De cómo se origina la sociedad y de cómo el hombre debe ser tratado y aceptado por la sociedad sin diferencias con relación a los demás constituyentes de la misma.

Desde el origen de la especie humana y ya anteriormente con los seres homínidos e incluso con el resto de especies animadas, se establecía un nexo unitario entre todos los individuos que compartían un mismo espacio o territorio. En el ser humano, por ser animal desarrollado, sin centrarnos en los motivos de su evolución ni sus principios o fines, este nexo es de una fuerza mayor y tanto es así que lo denominamos sociedad. La manada humana significa el logro, dentro de la evolución del mismo, de un organismo férreo y funcional, donde se fomentan los pasos dentro de la educación que aquellos individuos que la forman, deben seguir. Por ello, podemos destacar que la sociedad, conocida como unidad entre los individuos humanos y sus relaciones entre sí, viene regida por la naturaleza del propio hombre, al igual que el león está obligado a estar en manada. Pero la distinción entre el ser racional y el otro, radica en la libertad del primero de la que derivamos el libre albedrío y comportamiento del hombre. De hecho, el humano puede, motu proprio, prescindir de la sociedad y vivir apartado de los demás en un estado de soledad. Pero bien es cierto que estaría atentando contra su naturaleza, pues ya fijó ésta la necesidad o por lo menos la tendencia de la vida en común. Otro ejemplo más de cómo el hombre puede contradecir su naturaleza por voluntad propia, derivada de la libertad.

Pero adentrémonos más a fondo dentro de este sistema de nexos o nexo universal que es la sociedad. Dicho ente está compuesto por individuos de distinta forma, grado de perfección, pensamientos y deseos. Por esto mismo, teniendo en cuenta el hecho de que el hombre es sustancia en sí, derivamos que la sociedad debe respetar y hacer caso a todos los hombres por igual sin depender de edad, sexo, creencias, sabidurías o tendencias. Y esto es por varios motivos o razones. Uno de ellos es que la sociedad, en cuanto a tendencia natural del hombre está presente en todos los individuos y por esta misma razón es necesidad universal así como el amor o la justicia; ergo la sociedad es creada por hombres (en cuanto a tramado jerárquico de orden y administración, como organismo concreto) y ésta debe mirar a todos por igual porque aunque la tendencia sea anterior al hombre, sin hombres no habría sociedad. La sociedad entonces debe cuidar a todos sus constituyentes y no discriminar, expulsar o eliminar a ninguno de ellos. Además debe corregirlos en error (contra crímenes y malos actos que afecten a la sociedad) y educarlos en la verdad. Dicha verdad, no debe ser la verdad relativa a cada sociedad ni a cada hombre, sino la verdad suprema que hay por encima de todos los hombres, acabando así con el efecto del multiculturalismo donde se mantiene que las tradiciones están basadas en la verdad de cada sociedad. Pero cierto que es que cada sociedad posee sus tradiciones que no deben ser eliminadas a no ser que contradigan la verdad absoluta.

Otro de los motivos es el siguiente: Los hombres que configuran la sociedad son iguales (en cuanto a su esencia o substancia secundaria) y por tanto poseen las mismas tendencias debido a que su esencia las manifiesta en su alma. Con estas tendencias nos referimos a las exigencias universales como las de amor, justicia e incluso la de comunidad. Y dado que todos los hombres poseen las mismas exigencias por ser todos iguales en cuanto a que son todos hombres, se ven obligados, también por naturaleza, aunque posean libertad para no hacerlo, a realizar esas exigencias y buscar el fin que lo haga. Una sociedad, por tanto, que limite al hombre y no le deje seguir el camino de la realización en el sentido en el que ponga impedimentos a la realización de la propia persona en cuanto a la realización de las exigencias, no es una sociedad justa. Es más, se convierte en una sociedad creada por necesidad universal que limita o vulnera otra necesidad universal. Dicho pues, estaríamos ante un producto del hombre (puesto que aunque su necesidad no depende de él, su legislación y configuración sí lo hacen) orientado contra el hombre mismo.

Y si a esto le añadimos que dichos hombres son iguales, supone una vulneración del propio hombre mismo aunque la acción no se dé directamente en la persona ejecutora o agente partícipe.

Dicho esto sólo queda manifestar y fomentar las bases de dicha sociedad puesto que ya hemos argumentado por qué el hombre necesita la sociedad y cómo el mismo debe ser aceptado y tratado por la sociedad sin diferencias entre sus vecinos sociales.

Próximamente:Artículo II.

Néstor, Tratado sobre la vida en sociedad, Artículo I.


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