Bajo el vientre
de tu tierra morena
entre peñascos y
herbáceos lamentos
tu osamenta
suspira la serena
nana de tu
ruiseñor. Y En silencios
del mundo que al
biés tu talento así
hubieran
sesgado. Golpe y fusil
que muerde la
mano. De carmesí
tu vientre
tiñeron. Niño infantil
que ya no canta,
que ya hoy no sueña.
En tierra se
pudre lo que ayer fue
dulce
perseguido, amarga ceguera
del trágico
destino de la suerte.
¡Oh Góngora
aniñado! ¿dónde duermes
callado por el
paso de la muerte?
Néstor. Poeta a los 18, soneto VII.
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