27 de marzo de 2012

"Cinco Horas con Mario": La antítesis de un matrimonio.

   Si pensabamos que en el mundo de la literatura estaba todo hecho, nos encontramos con la piedra que nos traba el camino y nos indica que no es así. Ya lo hizo Miguel Delibes con su obra experimental Cinco horas con Mario que nos introducía de una forma más cercana la técnica del monodiálogo conjugado con la potencia mental de una mujer que va desgranando a través de la lectura de unas citas remnarcadas en la biblia de su recien difunto marido, Mario Díez.

   Carmen Sotillo, que así es como se llama la mujer, nos abre las puertas a su vida y en especial a su matrimonio ofreciendo una crítica a sucesos cotidianos entre la pareja, sean íntimos, sean públicos. Durante veintisiete capítulos de mono-diálogo podemos apreciar mediante una ruptura del orden cronológico, con idas y venidas, la sucesión de multitud de sucesos combinados (técnica del contrapunto) que implican la participación no sólo de los personajes principales (Carmen y Mario) sino de otro tanto ingente número de tantos otros como Encarna (cuñada viuda de Mario), Valen (amiga de Carmen) y Paco ("amante" de Carmen en vida de Mario), entre muchos más.

   Estos sucesos albergan infinidad de momentos concretos seguidos de una crítica de Carmen hacia Mario y su comportamiento. De hecho, es ese reproche el que narra de laguna forma el suceso. Podemos destacar aquí la queja por parte de Carmen ante la indecisión de su marido, la falta de consideración a su propia mujer (que se muestra tanto en la falta de cariño cotidiano, como ayuda así como en el rechazo supuso que Mario se diese la vuelta en la cama la noche de bodas o en la necesidad insatisfecha y no resuelta de un seiscientos) como la crítica  alos valores morales y la ideología de Mario (detracta tanto el socialismo de Mario como el espíritu educativo y caritativo, además de intelectual).

   Al mismo tiempo, durante el desarrollo de la magistral intervención de Carmen, se echa en falta el testimonio de Mario, quien está muerto. Pero podemos apreciar, en cambio, allá por los últimos capítulos la descripción de varios libros escritos por él. Aquí, Mario se desahoga de menor forma que Carmen describiendo unos protagonistas que sufren por la falta de consideración de su esposa o por la falta de reconocimiento de su amor por los demás). La ignorancia de Carmen sobre el significado de la trama de los libros nos muestra cómo Menchu (Carmen) no conoce bastante bien a su marido, de hecho lo afirma Esther, una amiga de Carmen que adora en buen sentido a Mario.

   Pero no sólo podemos encauzar nuestro pensamiento sobre un matrimonio débil por esto, sino también por el mero hecho, descrito por Carmen en su diálogo, de que ella sólo se casó con Mario por pena al pensar qué sería de él sin ella, viéndole mal vestido y desordenado. "Eso no es amor, es compasión" decía la suegra de Mario.

  Y sobre este matrimonio inestable, donde a parte de la ausencia de amor, es destacable el continuo rencor y reproche de Carmen, reflejamos una dualidad de pensamientos y valores; unos más conservadores, arcaicos y moralistas por parte de Carmen (debida a una educación con autoridad) y una más progresista y socialista por parte de Mario (debida al intelectualismo y a la educación por el saber): en resumen, una antítesis de un matrimonio inestable enmarcado en un periodo difícil para una España todavía falta de valores y desarrollo fuerte en comparación al resto de Europa.

   Y es en Cinco Horas con Mario donde nos encontramos una ventana abierta a un mundo pasado detallado al dedillo por la visión experimental de una mujer que se hace llamar infeliz e incomprendida frente a un hombre intelectual indeciso y entregado a todo el mundo menos a su entorno privado. Por ello es posible el desarrollo de una profundización costumbrista de la primera mitad del siglo XX que se ve apoyada en cuanto al contenido narrado por un narrador externo, por una apertura a situaciones cotidianas dramáticas como es la presión dentro de un velatorio y en cuanto a la estructura, por un escritor sublime que mantiene el hilo conductor de la novela sin provocar tedio y mediante la reinterpretación, flujos y reflujos de ideas y un dominio excepcional de la lengua llevando un diálogo de 5 horas y 27 capítulos al lector de forma que resulte natural y de a pie. De aquí, damos gracias a Miguel Delibes por dejarnos una de las mejores obras de la literatura contemporánea.


Y desde aquí todas mis felicitaciones a Natalia Millán por su dramatización de la reciente adaptación teatral de esta obra, la cual voy a ir a ver en breve y a Lola Herrera, su predecesora.


Néstor

25 de marzo de 2012

Ocean's Eleven


Hemos visto Las Vegas tanto en el cine como en la televisión innumerables veces, desde la ciudad en la que pasar una noche de despedida de soltero y levantarte al día siguiente con tal resaca que no te acuerdas de nada, hasta introducirnos en el personal de un importante hotel-casino y ver cómo se las arreglan para atrapar a los “listos” que intentan robarles. Pero jamás una película en una ciudad tan trillada como la Ciudad del Pecado me había mantenido tan pegada al asiento como ésta: Ocean’s Eleven.

La película comienza con Daniel “Danny” Ocean (George Clooney) en la cárcel donde, después de unos añitos en ella, tiene la oportunidad de que le den la condicional. Al mentir lo más descarada pero convincentemente posible, el protagonista sale de prisión y se va moviendo entre sus antiguos círculos ya que piensa dar un gran golpe: robar tres casinos al mismo tiempo. Pero esto tiene sus matices: en realidad, se va a robar la cámara acorazada del prestigioso casino Bellagio en la cual también se encuentra el dinero recaudado en los casinos The Mirage y MGM Grand, todos situados en el Strip, la avenida de los casinos.

El señor Ocean va a contar con su socio y amigo Rusty (Brad Pitt) el cual se encuentra enseñando a los actores de poca monta a jugar a las cartas; Frank Catton (el desaparecido Bernie Mac), un viejo amigo de Ocean que se hace pasar por crupier en un casino de Atlantic City; y Linus (Matt Damon), entre otros, un joven con mucho talento para el hurto el cual es el undécimo miembro del grupo de Ocean – de ahí el nombre de la película. El gran enemigo aquí será Terry Benedict (Andy García), propietario de los tres casinos a robar y novio actual de la ex-mujer de Danny, Tess (Julia Roberts).

Como se puede observar, el elenco es magnífico, con actores de gran envergadura y reconocidos mundialmente. Es un deleite ver la química que hay entre Clooney y Pitt en esta película; se nota en el ambiente que son amigos, que se llevan a las mil maravillas, y eso permite que el espectador sea cómplice de las conversaciones entre ambos. Además, el espectador se introducirá por completo en la banda, se sorprenderá con los métodos que utilizarán e incluso tomará cariño a cada uno de los miembros.

En definitiva, es una película divertida, con grandes momentos y frases que jamás se te olvidarán; con un gran nivel tanto en el elenco como en el guión – a ver quién es el listo que se le ocurre semejante robo –; con acción y suspense entremezclado con un poco amor – de esto último que nunca falte –; y con unas vistas de Las Vegas que te darán ganas de darte una escapada.

Irene.

20 de marzo de 2012

De Bécquer a Eminem...

Si echamos la vista al frente admiramos la belleza de cuanto nos rodea, sea algo digno de mirar o no. Raro es el día en que no nos adentremos por callejuelas abandonadas a la suerte de las clases bajas, entre las cuales me incluyo yo y observemos el rastro si bien discutible rastro artístico, signo de exaltación de la rebeldía del autor.

Tempus fugit, diría un renacentista o un barroco, pero lo cierto es que es así. El tiempo huye y con él, las costumbres y las formas de comportarse e incluso de expresarse. El mundo cambia y evoluciona aunque esto no significa siempre que lo haga de forma progresiva. Mas no sólo el mundo metamorfosea sino también lo hacemos nosotros. Y cualquier juicio de valor respecto a los comportamientos humanos en cuanto al grado de moralidad, lo siento mucho pero no es hoy el día, no voy a afirmarme sobre ellos. 






Otro aspecto que cambia con el hombre es el arte y no hace falta más que ver la distancia que hay entre Dalí y su surrealismo y un Jan van Eyck y su detallismo. Si bien uno mezcla dos realidades existentes y transgrede los límites de la existencia concreta, otro transgrede las formas con su detallismo realista que intenta copiar el mundo como es, aunque quepa a veces margen para el idealismo. Pero estamos en lo correcto si admitimos que no son los mismos pintores. Y si ya nos adentramos en otros campos como la arquitectura, nos volvemos locos ante la comparación entre un Miguel Ángel, revolucionario en su tiempo y un Gaudí. Y así también dentro de la música y de la literatura.




Porque no podemos comparar las corrientes poéticas del siglo XIX que muestran los poetas malditos como Rimbaud, Verlaine o Baudelaire así como Corbière o Mallarmé con las tendencias del dolce still novo o el Siglo de las Luces. Pues bien, no tienen nada que ver ni en forma ni en contenido. Unos prefieren los temas cotidianos, otros los idealismos y la ensoñación. Existen algunos que se decantan por temas didácticos o morales y varios simplemente, se dedican a la descripción exhaustiva de la realidad como espejo del mundo como sucedía en el realismo ruso, aunque Tolstoi añadiese a sus descripciones paisajistas una pizca de idealismo.

Y haciendo aquí un poco de presión y espacio, nos introducimos en el mundo de la poesía y del verso. Los tiempos han cambiado también para los poetas. Ya no sirve sólo crear una composición poética sino que hay que venderla de forma atractiva. Y son muchas las formas de hacerlo entre las que destacamos el añadirle unas notillas musicales, al más puro estilo cantautor, a unos versos de Miguel Hernández. Perdóneme don Serrat, pero esto sí que me parece un sacrilegio independientemente del talento musical de los cantantes. Pero la verdad es que subordinando el verdadero valor ya no sólo del verso (pues en la antigüedad existían composiciones en verso y no eran poesía) sino del poema, se consigue acercar el arte del poeta al pueblo y a las clases menos cultivadas. Pero perdónenme señores, no es por ser snob (del latín sine nobilite) pero la poesía es poesía y no música así que si bien es cierto que la música puede llevar el aliciente del verso, no es arte poético, sino musical. Y desde aquí pido, por la honra de los poetas no estropeen las grandes obras añadiendo música; compongan con la misma temática y argumentos o ejemplos, pero no modifiquen, queda muy forzado y fuera de sí. Y eso sin hablar de la monotonía que supone el despiezar vientos del pueblo de Hernández en ritmos repetitivos y a veces cutres.

Y esto, señores míos, también va dedicado aquellos que mencionan que el rap es una poesía moderna. Pero no lo es, por dos motivos; una, muestra cierta tendencia al desprestigio poético como lo hacen los que cantan poemas (cada vez que lo imagino me entran los siete males) y dos, sus formas, aunque no deban ser refinadas (hay poetas muy simples) sí tiene que estar cuidadas de groserías y obscenidades. Pero qué le vamos a hacer, están locas estas juventudes (entre las que me incluyo yo también). Ora pintarrajean como si fuese arte (algunas lo son) las paredes ilegalmente, ora intentan emular con desprestigio a los poetas. Pero esto no es más que otro símbolo de un cambio más, la vuelta a la rebeldía romántica donde el hombre, generalmente el joven, debe dar imagen de su identidad sin importar nada. pero más me arriesgo y afirmo que no regresamos al pasado, sino que continuamos en una profunda crisis que ya se inició en el siglo XIX. Bienvenidos a la crisis de la mentalidad burguesa. Hay dos opciones; renovarse o morir, ¿cuál eliges?

Néstor.

10 de marzo de 2012

Si Los Pelotas Volasen...

El peloteo es el deporte por excelencia, incluso más que el fútbol. Es una actividad internacional que todo el mundo ha realizado, al menos, una vez en su vida. Y, algunos, ya son catedráticos en ella.

El peloteo comienza desde la infancia con un "amigo" en el que vemos algún tipo de interés, aunque este interés es más económico que cualquier otro. El pelota comienza su táctica al acercarse a la presa disimuladamente y poniéndose detrás de él. Después de enterarse más o menos de la conversación - si está hablando con alguien, táctica estándar del pelota - hace una pequeña pero a la par grandilocuente intervención sobre el tema a tratar. Ante el shock original, la presa va cayendo en las redes del pelota y va tratándose con él. El objetivo ha caído en la trampa. Después, el resto es coser y cantar: el pelota le come la oreja a la presa, a la presa le gusta la atención que le brinda el pelota y, ¡tachán!, en el momento más inesperado, el pelota le pide a la presa dinero, el último videojuego de moda, el cromo que le falta de Cristiano Ronaldo o hasta sus calzoncillos. Y la presa, como un corderito, cede ante la proposición e incluso estaría dispuesto a darle un plus.

Lo que quiero decir con ésto es que a los españoles nos encanta el nuevo deporte rey y no sólo que nos lo hagan, sino también hacerlo. Veo a diario demasiado peloteo, un peloteo extremo en muchas ocasiones que busca una mejora de una nota, un positivo en una asignatura...y algunos, muy idiotas ellos, harían la pelota hasta por un mísero caramelo.

No me gusta el peloteo extremo, es más, me parece una práctica poco ética. Reconozco que a veces es necesario un ligero peloteo si vamos a trata temas delicados con los demás pero todo lo que se lleve al exceso no es bueno.
No quiero pelotas en mi vida, quiero gente con agallas que se haga valer y que consiga por méritos propios lo que quiere. No quiero que me hagan la pelota, quiero que me pidan las cosas a la cara y que tengan la caradura de mirarme a la cara mientras les digo un no rotundo. ¿Por qué tengo que dejarte un cosa a un individuo que jamás me ha hablado durante el curso y ahora tiene la desfachatez de pedirme algo? ¿No ves que se le nota demasiado el plumero?

Animo a la gente desde aquí a que deje esta práctica, si es que la realizan, dado que, aunque los resultados que se consiguen con esta práctica son rápidos, personalmente no se consigue ninguna satisfacción. ¿Dónde ha quedado la alegría que siente uno cuando consigue algo que ha estado persiguiendo por tanto tiempo? Parece que la gente se contenta sólo con el resultado y se olvida del sentimiento cuando debería ser al revés: lo primordial es sentirnos orgullosos de lo que hacemos por nosotros mismos sin pelotear a nadie.

Irene.

Sentido trágico. Presagio del fin.


Muchos son los días en los que pienso que algo malo me sucederá algún día. Desconozco la fecha y el lugar, pero sé que eso pasará. No me preguntéis por qué, simplemente es un sentimiento que tiene uno, un presagio del mal. Yo mismo me asusto, tengo miedo cuando me adentro en aquellos presagios y pienso sobre esa tragedia, quizá sea mi fin. Y lo hago porque sé que no soy una persona insegura ni acomplejada del miedo, sé quién soy y lo demuestro, a capa y espada, todos los días de mi vida, ante todo el orbe si hiciere falta. Pero sigo con mis tragedias gramáticas en la cabeza, o quizá el corazón.

De hecho, son muchos los días en los que, marcha seguida, en la soledad del caminante de vuelta a casa, tras una jornada llena de alegrías y alguna frustración que otra, comienzo a rezar, inconsciente, por inercia, pero con buenas intenciones y decisión. Es una costumbre que acompaña al sentido trágico que inunda mis días y curiosamente, con el paso del tiempo, ese pesar se va haciendo más fuerte y pesado, pero más desconocido y borroso. ¿Qué será? Ni siquiera el demonio lo sabe y falta no me hace el preguntárselo tampoco. Aun así, no temo el fin cuando llegue, pero sí el no poder haber terminado mi obra humana, mi camino y sobre todo, el dolor. Tengo mucho miedo al dolor, porque éste a veces significa traición, desprecio u olvido. Tengo miedo al durante y no al antes y al después.

Pero mis posibilidades se fugan, no puedo hacer nada. No tengo los medios para conseguirlo y por eso, como cuando voy caminando por la calle, en la soledad de mi camino, rezo, pido a las Alturas que me ayuden y contengan mis días hasta que termine mi ruta y mi camino. ¡Hermosa alegoría! En el camino anhelo el camino de mi vida. Y por ello, pido sólo eso, nada más. Que el antes sea fecundo, que el durante sea llevadero y suave y el después, no me importa, que se ensañe conmigo entonces aquel sentido trágico, el presagio de mi fin.

Néstor.


7 de marzo de 2012

El odio y la sed (pequeño relato)





   Nada más quedaba en la cabeza de Anabel que cuatro recuerdos vagos y una preocupación. De lo primero nada se advierte, la muchacha siempre lo caya; de lo segundo, todo, pero la intimidad es superior a la redacción de este relato y por ende, nos lo reservamos. Pero aquello de lo que sí podemos hablar es de su rostro. La joven Anabel poseía unos dulces y tiernos pómulos camaleónicos; ora blancos, ora rosados. Su nariz, respingona y menuda parecía buscar refugio del mundo en su cráneo y sus almendrados ojos negros, de raza pura y fiera tomaban el espacio con sensualidad que la nariz abandonaba por timidez. Estos ojos, reposaban entre dos disimulados arcos de hueso forrado donde algún día descansaban unas cejas ya debilitadas por el maquillaje. Cejas de pelo fino y trasparente que pasaban a segundo plano para otorgarle todo el protagonismo a la mirada de la mujer. Seguida, una frente, plaza de los rayos primaverales y vegas por donde unos surcos poco marcados duermen horizontalmente esperando la vejez. Si bien sabemos, sus cabellos son rizos de color moreno o más bien dicho azabache que danzan al son de los caminos de aquella seductora granadina, heredera de sangre de la media luna y exótica como el desierto mismo.
Pero su origen no la libraba de nada de lo que ese día sucedía y menos aún, de sus preocupaciones.

   La madrugada entrando en la casa de la noche le ponía más rabiosa y nerviosa. No podía soportar el mirar el reloj, que mataba el tiempo con el estrepitoso ruido de las manecillas meciéndose las unas a las otras. Permanecía agitada, inquieta. Caminaba de un lado para otro y de éste para otro más allá del salón e incluso cruzaba a la cocina para corroborar que el reloj inhumano estaba en la hora correcta. Visto que así era, se enfurecía más y más; el tiempo pasaba y Manuel no llegaba. Entretanto, colocaba una silla enfrente del zaguán y se sentaba, después la ponía de nuevo en sus sitio, continuaba su ruta de quebraderos y vueltas y volvía a colocar la silla con los ojos, tanto los del mueble como los de ella, orientados a la puerta. Miraba fijamente la cancela, pretendiendo escabullirse del odioso ruidito del reloj infernal, concretamente, fijaba sus pupilas en el manillar para advertir si éste se movía; una señal de que su marido habría llegado. Pero nada. Por fin, decidió restablecer el asiento en su lugar y se dirigió a la cocina de nuevo, allí tomó un vaso de agua para calmar su sed. Posiblemente sería la última vez que lo haría bajo ese techo, ya no aguantaba más. No soportaba tener que esperar a su esposo en la bien entrada noche mientras él se divertía en cualquier rincón de mala muerte bebiendo, fumando y quizá apostando dinero a las cartas. Y menos todavía el tener que aguantar como “el marrano”, según ella, se ahogaba con las flemas y las toses mientras dormían, provocadas por la buena vida que llevaba. Y aunque los hábitos no fuesen realmente como los de un gorrino, sus gestos lo hacían parecerse a tal criatura de Dios. Estaba bastante entrado en carnes, tanto es así que con él se podría cebar todo un corral durante un mes. Además, era muy común en su especie animalada, rascarse la entrepierna como si le llevase la vida en ello y qué menos que las perlas que lanzaba a la mujeres, entre las menos apreciadas su esposa Anabel. Pero ésta, como cualquier mujer de mediados del siglo XIX que tuviese la inmensa desgracia de tener que lidiar con semejante jamelgo, aprendió a quererle. Fue de hecho cuando sufrió un infarto casi mortal, tres años atrás, cuando pensó que lo perdería y la posibilidad de que eso sucediera le helaba la sangre, porque aunque muchas veces deseaba no haberle conocido, él era su “cerdito” del alma, en el fondo lo quería.

   Pero siguiendo con el relato, he de decir, que la mujer pasó buen rato sorbiendo el agua del vaso mientras miraba por la ventana acortinada de la cocina. En aquél intento de parecer portera, observó una luz en el vecindario encendida y tras de sí, una mujer; seguramente otra sufridora de un sambenito más. Mas aquella tendría mejor suerte aquella noche, podría dormir tranquila en su cama. Y acto seguido, apenas terminado el agua del cristal, sonó la puerta. Anabel dejó el vaso en la encimera y partió para ver a su marido. Estaba ebrio, como de costumbre y se meneaba con movimientos sinuosos típicos de un borracho a las dos de la madrugada.

   —Ya era hora, Manuel—advirtió ella—. ¿No crees que ya eres mayorcito como para que tengan que cuidar de ti? ¡Mírate, estás borracho! ¡Qué asco me das!—con aires de desprecio. Incluso subió sus carnosos labios carmín para dejar ver sus perfectos dientes blancos.
   —¡Déhammme enne paz¡—tenía la mirada perdida, la lengua, todavía seguía en la taberna—. ¡Veeete aa me…me…terte con ttu rrmana! ¡Seg…gu…guro que ya ha venido…do a mo…molestar!—la hermana de Anabel, Rosa, solía venir cuando ésta la llamaba preocupada por el paradero de su esposo. La ya madura Rosa, conocedora de los hombres y de sus artimañas, tenía clavado a Manuel entre los ojos. Ya sabía de qué pie cojeaba y era muy común, que cuando las hermanas se reunían, que Manuel, sabiendo de la animadversión que tenía su cuñada por él, la tomase con Anabel por haber visitado a quién él llamaba “bruja asnada”.
   —¡Basta ya de hablar siempre de mi hermana! ¡Ella no pinta nada aquí!—enfurecida, se acercó a Manuel y le mantuvo la mirada, ella, al ver que no podía establecer ningún nexos de pupilas sin que él no cerrase los ojos, estalló de nuevo—. Ella tiene razón. ¡Eres un cerdo y un borracho! ¡Mírate! ¡Apestas a coñac y a tabaco y llevas semanas sin lavarte! ¡A saber con qué pelandruscas habrás estado esta noche!
   —Con cualquiera menos contigo—Anabel no podía más, empezó a golpearle en el pecho como si quisiera atravesárselo, pero era inútil semejante acto con tan magna mole de carne animada. Manuel, en su borrachera y giros de cabeza y cuerpo, todavía recordaba a su cuñada. Los sentimientos de odio y asco hacia ella, le ponían nervioso, le enfurecían. Sólo con imaginársela, se despertaban sus instintos más fieros y su alma se escapaba al infierno. La tensión iba aumentando y la cosa cada vez se complicaba más y más. Finalmente dirigió su mirada a Anabel  y al verla cómo intentaba atentar contra él, cerró los ojos, cuando los volvió a abrir, pensó que su cuñada estaba enfrente. Entonces, se produjo el peor sino para Anabel.
   
   Manuel la golpeó con tan desconsiderada fuerza que la tiró de inmediato al suelo. Ella, bloqueada, palpó su tímida nariz, estaba sangrando. Él, en cambio, no hizo más que mirarla, pero no con los mismos ojos de siempre, sino con aquellos de odio y repulsión. Por un momento le gustó verla ahí humillada mientras creía que era Rosa la que derramaba gotas de sangre en el suelo. Pero no quedó a gusto y fue de nuevo a por ella. Ésta, atemorizada, huía hacia atrás, arrastrándose por el enlosado mientras con negaciones de cabeza pedía clemencia y perdón, no sabía por qué ese comportamiento de su esposo, al que, al fin y al cabo, amaba en lo más profundo de su corazón. Manuel la cogió del pelo con la mano derecha, soltó la chaqueta de la izquierda y con ésta agarró su brazo izquierdo para bloquearla. Se dirigió en línea recta a la cocina, que tenía la puerta abierta y allí la tiró al suelo. Pensó él en coger un cuchillo, pero quería hacerla sufrir y por eso comenzó a golpearla con manos, pies y rodillas. Arañó, mordió y no paró de machacar poco a poco a su mujer. Estaba loco de ira hacia quien creía estar matando. Tal era la fuerza que ponía que rompió huesos y vestido, además, terminó perforando la piel con sus mandíbulas consumidas por el alcohol y el tabaco.
Anabel, asustada se levantó como pudo, agarrándose a la encimera para tomar algo con que defenderse, pero ante tal actuación, Manuel agarró la cabeza de la mujer y la estampó una y otra vez contra la encimera. Dos, cinco y hasta nueve veces. Finalmente, la mujer agitó su brazo y cayó al suelo. Con ella, el vaso que había saciado por última vez su sed. 

   Así, la última gota de agua se fundía con el último aliento de una mujer y con la sangre contaminada por el odio de un hombre. El vaso, quedó entero, totalmente contrario a cómo yacía Anabel. Manuel, sin dar cuenta de quién era realmente ella, se dirigió al salón, cogió su chaqueta del suelo, encendió un cigarrillo que había guardado en un paquete del bolsillo derecho del abrigo y se marchó de casa. Ya había terminado su trabajo. Al unísono del portazo en la entrada, se produjo un silencio. Un silencio roto por la agonía de una mujer moribunda en la cocina, que con un último aliento ahogado en sangre, exclamó: “Perdóname”.

Néstor.

6 de marzo de 2012

Lana del Rey - Born to Die

 El nuevo disco de Lana del Rey
En el mundo actual hay muchos cantantes. Algunos van muriendo, lo que cada vez es más habitual (Michael Jackson, Amy Whinehouse, Whitney Houston...), pero no dejan de ser sustituidos por otros nuevos que van surgiendo.

Este año ha saltado a la fama una nueva cantante: Lana del Rey. Su verdadero nombre es Elizabeth Woolridge Grant y nació en Nueva York, EE.UU.  Su estilo de música es muy variado, ya que combina el indie con el pop, creando un estilo estrambótico, exuberante y original capaz de generar ambientes románticos, en unas ocasiones, y trágicos en otras. 

Así es el contenido de esta cantante: trágico y melancólico. De ahí el título del tema principal de su disco: Born to die (Nacidos para morir). En este contexto se mueve Lana, en un mundo trágico en el que sólo tras la muerte es posible alcanzar la plenitud en el amor.  No sólo en este tema se ve reflejado este sentimiento trágico, sino que hay otras muchas canciones donde predomina el punto de vista catastrófico y que van evolucionando hasta llegar a la conclusión de Born to Die.

En Off to the Races pone de manifiesto un amor idealizado puesto que, al parecer, toda su vida y su felicidad dependen del amor.

Por otra parte, en Blue Jeans, esta autora pone de manifiesto que ella ha amado de verdad a una persona, y que sin embargo la sociedad se lo quitó por ser ilegal. Así, Lana presenta una sociedad negativa.

En Video Games, su primer trabajo, Lana se lamenta de que su novio le dedique más tiempo a los videojuegos que a ella, algo que puede parecer muy tonto pero que, sin embargo, puede llegar a dar problemas en las relaciones, pues genera incomunicación.

En Diet Mountain Dew, trata del amor que es dañino para ella, porque la otra persona le hace renegar de todo aquello en lo que consiste la vida y, sin embargo, ella le sigue queriendo. Con esto, Lana destaca que en el mundo actual el amor es destructivo para la persona.

Por otro lado, en National Anthem, construye una crítica en contra del valor que se le da al dinero, pues al final, según propone ella, es lo que hace mover al hombre en el día a día, y lo que hace que las personas aparenten ser algo que ni son, ni quieren ser.

Dark Paradise habla de la dependencia que tiene la felicidad de Lana de su amado, pues no es capaz de morir sin saber que él va a estar con ella dondequiera que vayan después de muertos. De ahí que quiera morir pero que no llegue a hacerlo.

Radio narra la experiencia que tiene la cantante de que muchas veces se siente fuera de la realidad, y que precisamente en esos instantes es cuando quiere que la vea su amado, que se enamore de ella cuando es rara, porque el mundo actual es negativo.

En Carmen presenta a una sociedad que comparte el ideal de esta chica (Carmen), el ideal de la fama, de brillar como una estrella: si ella ríe, todos ríen; si ella llora, todos lloran. Lana expresa en esta canción su desesperación porque la gente no se da cuenta de que, siguiendo ese ideal, pierden su libertad.

Million Dollar Man expresa el deseo de Lana de alcanzar la felicidad pidiendo ayuda a quien ya la ha alcanzado, pero ve que no le ayuda, que su vida se le escapa de las manos, pues no es capaz de hacer lo mismo.

Summertime Sadness reflexiona sobre la tristeza que abate a Lana en el verano cada vez que se va de vacaciones, pero que, no obstante, puede morir tranquila si la causa de su tristeza, la separación de su amante, le besa con pasión, recordándole lo que la quiere.

Con This is What Makes us Girls pone de manifiesto que las verdaderas mujeres son aquellas que han pasado auténticas penurias por poner el amor ante todo, por hacer de él su religión.

A modo de conclusión, Lana comienza su disco con Born to Die, porque si el mundo es insuficiente para que el verdadero amor pueda existir, entonces la vida no tiene sentido alguno: vale la pena morir para no sufrir, y además reunirse así con el verdadero amor.  Pero, ¿es realmente la vida así?, ¿realmente hemos nacido para morir? ¡No!, el instinto primero que nos sale es el de un no rotundo. Sin embargo, ¡cuántos de nosotros ponemos muchas veces el amor por encima de nuestros intereses! Ello, sin embargo, puede llevar a la pérdida total de la persona, y a renunciar por completo de la vida, como le ha pasado a Lana.

Es triste ver que una persona dice que la realidad es tal que se siente incapaz de ver algo positivo en ella. Pues Lana, entonces yo te digo: te pierdes muchas cosas. Porque estás obcecada en esa idea, no eres capaz de ver que el amor es posible en cualquier circunstancia, y aún más cuando las circunstancias son negativas, pues el amor ayuda a la persona a superarse en el día a día, y contemplando juntos lo mismo, a resolver cualquier circunstancia. Pero la tendencia actual es el individualismo: querer tomar las riendas de la vida de forma personal, no dejándose ayudar por los demás, lo que al final lleva al descarrile del carro de la vida, con su consecuente desengaño y la pérdida de esperanza en la misma. 
Juan, El Artista Ruso, @RaddaSchnitzel

5 de marzo de 2012

Segunda luz de esperanza: De cómo debemos tener esperanza.




TE miré. Te miré y ayer delicada parecías 
quedar relajada. Y firme, dulce, tierna y serena 
sin atisbo ni argento esquema de las miserias 
que asolaren la delicada miel de tu tez morena. 

Ni pensabas. Ni tu decaimiento manifestabas 
con la sensación amarga, harta ya del temor,  
cuando tus huesos en níveo-sombrío polvo flagelabas  
con el arrastre de tantos años de dolor. 

En vejez de súbito te tornas sin conciencia 
y sin voluntad tus arrugas sentidas dibujas, 
y a la par cobijas miradas con otra ciencia, 
y tus párpados, cansados ya, los ojos estrujan. 

Te pierdes en el tiempo y de ti, así después, no queda 
más nada. Sólo vestido y huesos en una caja 
de rasgado pino. Sin rosas ni estimada seda. 
Sólo, entre tierras fértiles, sangre de migaja. 

Y así espero, y siento. Deseo no terminar 
de polvo saco sin aliento, sin dulce esperanza; 
Pues mientras quede en la carne vida, es el amar 
 la espera, necesaria condición en dicha andanza. 

Porque ayer lo eras
todo y hoy no eres nada.
¿Mañana?
Dios dirá qué será de ti mañana.

Me miro. Me miro abundando en provecho y acierto 
En la diana del camino de esta la mía vida 
y sin pensarlo ahogo las horas de mi aliento; 
me consumo. Mi voz se arranca y mi füerza fina 

se torna. Mas nada ya preocupa a mi ser entendido 
que la plena vida vivida. Y sin resignación 
a algo efímero debida, levanto decidido 
mi pecho. Pero algö a mí, duda y exaltación 

me provoca: La tierra aplasta mis hüesos que 
sin movimiento ni aire, polvo sucio respiran 
aquí o allá en otro mundo. Y así, summo gradu de 
mi muerte tomo conciencia con gusanos que me miran. 

Porque ayer lo era yo
todo y hoy soy más de nada.
¿Mañana?
Dios dirá qué será de mí mañana.


Le observo. Le observo intentando alcanzar su rostro, 
pero una mala criatura lo devoró al fin. 
No dejó huesos ni alma, ni facha; sólo monstruo 
del futuro aterrado por la muerte. Y él sin 

firma ni nombre al olvido queda castigado. 
Beberá sangre de polvo y su éxito en la niebla 
se esfumará. Más de nada en su epitafio clavado 
queda. Ni rostro ni facha, simplemente piedra. 

Porque era ayer él
todo y hoy, poco de nada.
¿Mañana?
Dios dirá que será de él mañana.

Y terminado todo, en el corazón todavía 
una luciérnaga encendida continúa allí. 
¿Será la esperanza ésta? ¿O simple majadería? 
Lo primero fue verdadero, lo segundo pereció 
con el aliento del cadáver de sombra y tiniebla. 

Porque ayer éramos
todo y hoy sólo queda la esperanza.
¿Mañana?
Dios dirá que será de nosotros mañana.

 Néstor, Poeta a los 18, Luces de Esperanza:  II luz de esperanza.

4 de marzo de 2012

Con los brazos abiertos

   Tiempo bastante me ha llevado a darme cuenta de una cosa, no estoy enamorado. Extraño, pero cierto. Yo, que de alma enamoradiza me vestía cada mañana al levantarme, ahora está vacía. Hace años que los amorcillos no me atraviesan el corazón con sus flechas y sinceramente estoy muy preocupado. Para mí, el amor, es una necesidad vital, el el agua que me da la vida cada día aunque no llegue a beber de ella. Es mi guía y  mi compañera de soledades, penas y quebrantos. Es todo mi alma, es todo mi yo.


 
   Quizá esté muerto, ¿quién sabe? O quizá nunca haya existido, ¡no eso no! Pero lo que si está del todo claro es que necesito enamorarme como el viento busca cobijo. Lo peor de todo es que cuando eso suceda, si es que algún día sucede, sufriré bastante. Pero ese dolor, ese sufrimiento por el cual ofrecería mi vida para dejar de afectarme, es la señal de que hay amor. Sí, parezco un romántico contemporáneo a Rosalía de Castro o Bécquer, pero lo que me pasa es de verdad. Y por eso, no busco estar enamorado, busco ese ponzoñoso dolor, porque cuando éste llega, a los cinco minutos entra por la puerta el amor; ese mal es el mensajero de un bien mayor, el amor.

Y por eso, aunque me duela bastante la situación cuando llegue, aunque nunca se cumpla mi deseo natural, espero el dolor y el sufrimiento con los brazos abiertos. ¡Bienvenido de nuevo! Aquí me tienes, ensáñate conmigo.

Néstor.


Encuentros Entre ETA Y Las Víctimas: ¿Qué Será Lo Próximo?

Hace un momento en el telediario, he visto que se han dado 11 encuentros entre terroristas y víctimas y que han tenido buena acogida. Además, alguno ha sido solicitado por el propio terrorista, algo que me ha dejado bastante sorprendida.

Quería saber qué sensación había tenido cuando mató a mi marido”. Ésta es una de las perlas que ha soltado una de las víctimas de ETA tras haber hablado con el asesino de su marido. Mi sorpresa es que cómo a una persona que le han arrebatado tan injustamente a un ser querido está dispuesta a ver al hijo de puta – porque no tiene otro nombre – que lo ha hecho. ¿Por qué tiene ganas de verle? Respuestas; toda persona necesita respuestas a sus preguntas: ¿por qué lo hizo?, ¿tiene remordimientos?, ¿qué estaba pensando en ese momento? Me parece un poco masoquista querer pasar por este momento. Es irremediable que volverá a pasar por el dolor que le causó la pérdida, por la rabia que sintió  – y que todavía sigue sientiendo seguramente – y que tanto tiempo le costó alejarse de ella por un tiempo. ¿Vale la pena volver a pasar por ello sólo por tener respuestas?
Sé que para que se lleve a cabo este encuentro se necesita una preparación psicológica no sólo por parte de la víctima sino también por parte del terrorista. ¿Será para no abalanzarse sobre él porque lo único que quiere uno es matarlo? Bueno, esto no pasará porque en todo momento hay un psicólogo con ellos que sirve de mediador en ciertos asuntos.

Personalmente, no me parecen racionales este tipo de encuentros. ¿Qué haríamos si nos dicen que el tipo que mató a nuestro familiar quiere vernos? Mi primera respuesta – y última – sería un no rotundo. Sinceramente, lo último que quiero hacer en esta vida es ver a ese malnacido y si lo veo, es para llevar a cabo el archifamoso “ojo por ojo, diente por diente”. Pero debe ser que el tratamiento psicológico deja atontados a los familiares y dan su brazo a torcer ante la proposición. Incluso, he oído que una de las muchas víctimas le quiso dar un abrazo al preso. ¡¿Pero estamos locos?! ¿En serio que le vas a dar un abrazo? ¡Increíble! ¡Lo que me faltaba ya!

Pero, luego, este gesto me ha dado qué pensar. ¿Realmente se puede perdonar aunque el pecado sea tan grande? ¿Qué es lo que le ha pasado a esa persona por la mente para que llegue a quererle dar un abrazo a ese asesino? ¿Es posible que el resto seamos capaces algún día de hacerlo? Yo no. Yo jamás querré darle un abrazo a un asesino que me ha arrebato a lo que más quería en esta vida. Yo jamás sabré perdonarle. Debe ser que para saber perdonar hay que ser un santo. En mi caso, no me esperéis en el santoral.

Irene

3 de marzo de 2012

¿Qué Significa La Música Para Mí?


Es un medio de comunicación por el cual la gente conecta entre sí, sin importar las fronteras, el sexo, el color, la raza, la orientación sexual. Sólo importan los sentimientos, el mensaje que lleve la canción, las reacciones que provocan los versos de cada una de las pequeñas historias que se transmiten a través de unas cuantas notas musicales.

Es una escapada del mundo real cuando más lo necesitamos, un escondite cuando queremos estar nosotros solos en el mundo, cuando queremos que nadie nos moleste. A veces necesitamos apartarnos de la gente, reflexionar, y la música nos ayuda a no pensar por un momento y centrarnos en lo que realmente importa.

Es una liberación del estrés, de la vida tan ajetreada que llevamos, de la pena que nos produce algo. Para mí, la música es una ayuda a sacarme esa espina que llevo dentro y que algo que no me ha gustado, algo que me ha decepcionado, me la ha clavado en el corazón. Es un empujón a llorar cuando lo necesito porque así es como me libero.

Es una cura; la mejor de todas. Me hace desaparecer el dolor, la tristeza, la angustia, y crea alegría, energías que me ayudan a seguir adelante, coraje para enfrentarme a la vida. Es la mejor pila que ha existido jamás.

Es la salvación para todos. Ha hecho que la gente no se suicide, que siga viviendo porque hay una razón por la que hacerlo; ha hecho que la gente se enamore, porque lo más bonito de la vida es estar enamorado y compartir tu camino con una persona que te quiere y a la que quieres; ha hecho que la gente perdone, el acto más difícil del mundo.

Es una amiga a la que cada uno le pondrá un rostro distinto, una personalidad distinta, pero, en el fondo, una amiga en la cual siempre nos podemos apoyar, a la que siempre recurriremos. Es esa amiga que jamás te juzga, siempre vas a caerle bien, seas como seas. Quiere a todo el mundo por igual.

La música es todo lo que uno pueda imaginar. La música lo es TODO.

Irene.

Luces del pasado



Prólogo

Corrían las llamas enfurecidas por el contorno de aquél amasijo adornado de madera y pasta de papel de tal forma, que parecía buscar un agujero para abrasar las entrañas de la figura caricaturesca. Los dedos quedaban ennegrecidos por el rastro de la combustión y abrigados por el dulce color caramelo de la seña del infierno. Está, en gran cantidad y abundancia se contonean poco a poco como bailarinas sensuales al son de la música del tiempo. Ora contoneándose, ora rotando. Y a dicho baile del demonio le seguían las miradas fijas de los espectadores y alguna que otra lágrima desbordada por la emoción que suponía tanta belleza en aquel juego de luces y formas serpenteantes.

Como era de imaginar, la plaza estaba a oscuras, sólo la fuerza del fuego alumbraba dicho espacio. Y era tal la fuerza de ése que el enclave se convirtió por una noche en una puerta al Averno. Sólo faltaba la laguna de Caronte estigio, o el triple aliento del Cancerbero. Por lo demás, todo estaba allí. Había montes y valles representadas por las construcciones colosales, le seguía la oscuridad de las tinieblas y la luz del fuego verdugo, se le suman las almas expectantes y algunas otras que lloran y se lamentan y como no, estaban presentes además los pequeños diablos y las quimeras, que con sus artimañas prendían fuego a los montes donde terminaban ardiendo los pecadores, sustituidos en aquella plaza por las figuras de papel de dichas construcciones.

Aquellas figuras, algunas mirando el cielo, parecían soñar con agonía salir de aquel entramado de maderas y varillas para salvarse del fuego. Pero era inútil el conato, pues estaban tan bien sujetas así como les faltaba la vida. Y todo esto sin detallar cómo a muchas de ellas carecían de alguna parte del cuerpo, sea piernas, sea brazos, cabeza o algún trozo del cuerpo. Todo ello provocado por la genialidad de su hacedor quien con empeño y maestría diseño un escenario de colores y formas donde éstas últimas se superponían unas encima de otras sin dejar espacio a la vista.

Por otro lado, mientras seguíamos con el hilo del relato, el fuego se agitaba en mayor grado y con más virulencia. Tanto es así que algunas de las figuras más pequeñas quedaban sin rostro y ya se podía apreciar, relleno de llamas, sus entrañas menudas donde vivían escondidos sus huesos hechos con restos de árboles. Y sin que sirva de precedente, ha sucedido hasta ahora que una u otra figura, de también poco peso, tamaño y consistencia, se ha desplomado por el ataque del fuego: Otra alma sucumbida por las llamas del infierno, otro espíritu ahogado en el calor del mal, otro ser desaparecido, otro ente que existió y deja de existir en este momento.

¡Qué fugaz es la vida que mientras estamos aquí narrando y leyendo, se lleva la existencia de las almas del mundo! Y seguramente no sólo las de aquellas figuras son las que desaparecen. Pero no nos pongamos melancólicos y tristes y miremos para otro lado, volvamos con nuestra historia.

Mientras las brasas engullían las cicas representaciones inertes, los espectadores continuaban con la mirada fija tras una línea imaginaria creada por la agrupación en rededor del centro infernal, por los encargados de la cremación. Había personas de todo tipo: ancianos, niños, jóvenes y no tan jóvenes, altos, bajos ayudados por banquetas o bordillos, hombres y mujeres engalanados o de ropa cotidiana, otras con vestimenta del pueblo y hasta se reservaba el derecho de asistir a gentes que portaban en sus brazos tanto infantes como algún animalillo; unos perros, otros gatos.

Lo que sí tenían muchos de ellos en común eran las lágrimas. Como ya dije antes, unos lloraban por emoción, pero otros, lo hacían porque el fuego les secaba los ojos y porque los vapores y humillo de la falla, les cegaba la vista. Esto último estaba presente en mayor grado, en los individuos de las primeras filas, que debido al peligro del fuego, eran mayormente hombres y mujeres adultos o ancianos, no había muchos niños y si los había, estaban sujetos por sus acompañantes responsables.
 Pero si nos introducimos en la masa de gente, aparte de que nos mirarían por interrumpir su concentración a medida que avanzamos en profundidad, podríamos percibir a un joven hombre, de unos cuarenta años, con su hija, que ante la violencia de la escena, semejante a un auto de fe inquisitorial, oprimía el muslo derecho de su padre con su cabeza con intención de refugiarse del terror. El hombre, engalanado con levita negra y traje y pelo bien adecentado así como barba abetunada y recortada a más no poder, como acariciase los dulces cabellos de su hermosa hija en un intento de calmarla y mostrarla su protección, observaba con ojos abiertos de par en par el espectáculo. En sus ojos, una lágrima terminó cayendo acompañada de un semblante serio, incluso ahogado de rabia y borracho de impotencia. A este semblante pasajero, se le sumaba el rostro permanente de un joven y hermoso muchacho, entrado ya en años, con su nariz menuda y redonda, labios carnosos y rojizos, pómulos perdonados por el paso del tiempo y frente tersa y cubierta por bucles abiertos de su cabello. Pelo negro azabache natural, a juego con la barba teñida artificialmente, Ojos azules penetrantes que parecían abrir las puertas al cielo en medio de aquel infierno que era la falla.

En su corazón, un sentimiento punzante y agudo, lo mismo que un pensamiento y recuerdo amargo y tortuoso en su mente y una imagen infernal en sus ojos. Unos ojos que ya vivieron anteriormente una escena así, pero con almas de verdad….

CONTINUARÁ

Néstor, Luces del pasado, prólogo.