4 de marzo de 2012

Con los brazos abiertos

   Tiempo bastante me ha llevado a darme cuenta de una cosa, no estoy enamorado. Extraño, pero cierto. Yo, que de alma enamoradiza me vestía cada mañana al levantarme, ahora está vacía. Hace años que los amorcillos no me atraviesan el corazón con sus flechas y sinceramente estoy muy preocupado. Para mí, el amor, es una necesidad vital, el el agua que me da la vida cada día aunque no llegue a beber de ella. Es mi guía y  mi compañera de soledades, penas y quebrantos. Es todo mi alma, es todo mi yo.


 
   Quizá esté muerto, ¿quién sabe? O quizá nunca haya existido, ¡no eso no! Pero lo que si está del todo claro es que necesito enamorarme como el viento busca cobijo. Lo peor de todo es que cuando eso suceda, si es que algún día sucede, sufriré bastante. Pero ese dolor, ese sufrimiento por el cual ofrecería mi vida para dejar de afectarme, es la señal de que hay amor. Sí, parezco un romántico contemporáneo a Rosalía de Castro o Bécquer, pero lo que me pasa es de verdad. Y por eso, no busco estar enamorado, busco ese ponzoñoso dolor, porque cuando éste llega, a los cinco minutos entra por la puerta el amor; ese mal es el mensajero de un bien mayor, el amor.

Y por eso, aunque me duela bastante la situación cuando llegue, aunque nunca se cumpla mi deseo natural, espero el dolor y el sufrimiento con los brazos abiertos. ¡Bienvenido de nuevo! Aquí me tienes, ensáñate conmigo.

Néstor.


No hay comentarios:

Publicar un comentario