20 de marzo de 2012

De Bécquer a Eminem...

Si echamos la vista al frente admiramos la belleza de cuanto nos rodea, sea algo digno de mirar o no. Raro es el día en que no nos adentremos por callejuelas abandonadas a la suerte de las clases bajas, entre las cuales me incluyo yo y observemos el rastro si bien discutible rastro artístico, signo de exaltación de la rebeldía del autor.

Tempus fugit, diría un renacentista o un barroco, pero lo cierto es que es así. El tiempo huye y con él, las costumbres y las formas de comportarse e incluso de expresarse. El mundo cambia y evoluciona aunque esto no significa siempre que lo haga de forma progresiva. Mas no sólo el mundo metamorfosea sino también lo hacemos nosotros. Y cualquier juicio de valor respecto a los comportamientos humanos en cuanto al grado de moralidad, lo siento mucho pero no es hoy el día, no voy a afirmarme sobre ellos. 






Otro aspecto que cambia con el hombre es el arte y no hace falta más que ver la distancia que hay entre Dalí y su surrealismo y un Jan van Eyck y su detallismo. Si bien uno mezcla dos realidades existentes y transgrede los límites de la existencia concreta, otro transgrede las formas con su detallismo realista que intenta copiar el mundo como es, aunque quepa a veces margen para el idealismo. Pero estamos en lo correcto si admitimos que no son los mismos pintores. Y si ya nos adentramos en otros campos como la arquitectura, nos volvemos locos ante la comparación entre un Miguel Ángel, revolucionario en su tiempo y un Gaudí. Y así también dentro de la música y de la literatura.




Porque no podemos comparar las corrientes poéticas del siglo XIX que muestran los poetas malditos como Rimbaud, Verlaine o Baudelaire así como Corbière o Mallarmé con las tendencias del dolce still novo o el Siglo de las Luces. Pues bien, no tienen nada que ver ni en forma ni en contenido. Unos prefieren los temas cotidianos, otros los idealismos y la ensoñación. Existen algunos que se decantan por temas didácticos o morales y varios simplemente, se dedican a la descripción exhaustiva de la realidad como espejo del mundo como sucedía en el realismo ruso, aunque Tolstoi añadiese a sus descripciones paisajistas una pizca de idealismo.

Y haciendo aquí un poco de presión y espacio, nos introducimos en el mundo de la poesía y del verso. Los tiempos han cambiado también para los poetas. Ya no sirve sólo crear una composición poética sino que hay que venderla de forma atractiva. Y son muchas las formas de hacerlo entre las que destacamos el añadirle unas notillas musicales, al más puro estilo cantautor, a unos versos de Miguel Hernández. Perdóneme don Serrat, pero esto sí que me parece un sacrilegio independientemente del talento musical de los cantantes. Pero la verdad es que subordinando el verdadero valor ya no sólo del verso (pues en la antigüedad existían composiciones en verso y no eran poesía) sino del poema, se consigue acercar el arte del poeta al pueblo y a las clases menos cultivadas. Pero perdónenme señores, no es por ser snob (del latín sine nobilite) pero la poesía es poesía y no música así que si bien es cierto que la música puede llevar el aliciente del verso, no es arte poético, sino musical. Y desde aquí pido, por la honra de los poetas no estropeen las grandes obras añadiendo música; compongan con la misma temática y argumentos o ejemplos, pero no modifiquen, queda muy forzado y fuera de sí. Y eso sin hablar de la monotonía que supone el despiezar vientos del pueblo de Hernández en ritmos repetitivos y a veces cutres.

Y esto, señores míos, también va dedicado aquellos que mencionan que el rap es una poesía moderna. Pero no lo es, por dos motivos; una, muestra cierta tendencia al desprestigio poético como lo hacen los que cantan poemas (cada vez que lo imagino me entran los siete males) y dos, sus formas, aunque no deban ser refinadas (hay poetas muy simples) sí tiene que estar cuidadas de groserías y obscenidades. Pero qué le vamos a hacer, están locas estas juventudes (entre las que me incluyo yo también). Ora pintarrajean como si fuese arte (algunas lo son) las paredes ilegalmente, ora intentan emular con desprestigio a los poetas. Pero esto no es más que otro símbolo de un cambio más, la vuelta a la rebeldía romántica donde el hombre, generalmente el joven, debe dar imagen de su identidad sin importar nada. pero más me arriesgo y afirmo que no regresamos al pasado, sino que continuamos en una profunda crisis que ya se inició en el siglo XIX. Bienvenidos a la crisis de la mentalidad burguesa. Hay dos opciones; renovarse o morir, ¿cuál eliges?

Néstor.

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