TE
miré. Te miré y ayer delicada parecías
quedar
relajada. Y firme, dulce, tierna y serena
sin
atisbo ni argento esquema de las miserias
que
asolaren la delicada miel de tu tez morena.
Ni
pensabas. Ni tu decaimiento manifestabas
con
la sensación amarga, harta ya del temor,
cuando
tus huesos en níveo-sombrío polvo flagelabas
con
el arrastre de tantos años de dolor.
En
vejez de súbito te tornas sin conciencia
y
sin voluntad tus arrugas sentidas dibujas,
y
a la par cobijas miradas con otra ciencia,
y
tus párpados, cansados ya, los ojos estrujan.
Te
pierdes en el tiempo y de ti, así después, no queda
más
nada. Sólo vestido y huesos en una caja
de
rasgado pino. Sin rosas ni estimada seda.
Sólo,
entre tierras fértiles, sangre de migaja.
Y
así espero, y siento. Deseo no terminar
de
polvo saco sin aliento, sin dulce esperanza;
Pues
mientras quede en la carne vida, es el amar
la espera, necesaria condición en dicha
andanza.
Porque ayer lo eras
todo y hoy no eres nada.
¿Mañana?
Dios dirá qué será de ti mañana.
Me
miro. Me miro abundando en provecho y acierto
En
la diana del camino de esta la mía vida
y
sin pensarlo ahogo las horas de mi aliento;
me
consumo. Mi voz se arranca y mi füerza fina
se
torna. Mas nada ya preocupa a mi ser entendido
que
la plena vida vivida. Y sin resignación
a
algo efímero debida, levanto decidido
mi
pecho. Pero algö a mí, duda y exaltación
me
provoca: La tierra aplasta mis hüesos que
sin
movimiento ni aire, polvo sucio respiran
aquí
o allá en otro mundo. Y así, summo gradu
de
mi
muerte tomo conciencia con gusanos que me miran.
Porque ayer lo era yo
todo y hoy soy más de nada.
¿Mañana?
Dios dirá qué será de mí mañana.
Le
observo. Le observo intentando alcanzar su rostro,
pero
una mala criatura lo devoró al fin.
No
dejó huesos ni alma, ni facha; sólo monstruo
del
futuro aterrado por la muerte. Y él sin
firma
ni nombre al olvido queda castigado.
Beberá
sangre de polvo y su éxito en la niebla
se
esfumará. Más de nada en su epitafio clavado
queda.
Ni rostro ni facha, simplemente piedra.
Porque era ayer él
todo y hoy, poco de nada.
¿Mañana?
Dios dirá que será de él mañana.
Y
terminado todo, en el corazón todavía
una
luciérnaga encendida continúa allí.
¿Será
la esperanza ésta? ¿O simple majadería?
Lo
primero fue verdadero, lo segundo pereció
con el aliento del cadáver de
sombra y tiniebla.
Porque ayer éramos
todo y hoy sólo queda la
esperanza.
¿Mañana?
Dios dirá que será de nosotros
mañana.

No hay comentarios:
Publicar un comentario