5 de marzo de 2012

Segunda luz de esperanza: De cómo debemos tener esperanza.




TE miré. Te miré y ayer delicada parecías 
quedar relajada. Y firme, dulce, tierna y serena 
sin atisbo ni argento esquema de las miserias 
que asolaren la delicada miel de tu tez morena. 

Ni pensabas. Ni tu decaimiento manifestabas 
con la sensación amarga, harta ya del temor,  
cuando tus huesos en níveo-sombrío polvo flagelabas  
con el arrastre de tantos años de dolor. 

En vejez de súbito te tornas sin conciencia 
y sin voluntad tus arrugas sentidas dibujas, 
y a la par cobijas miradas con otra ciencia, 
y tus párpados, cansados ya, los ojos estrujan. 

Te pierdes en el tiempo y de ti, así después, no queda 
más nada. Sólo vestido y huesos en una caja 
de rasgado pino. Sin rosas ni estimada seda. 
Sólo, entre tierras fértiles, sangre de migaja. 

Y así espero, y siento. Deseo no terminar 
de polvo saco sin aliento, sin dulce esperanza; 
Pues mientras quede en la carne vida, es el amar 
 la espera, necesaria condición en dicha andanza. 

Porque ayer lo eras
todo y hoy no eres nada.
¿Mañana?
Dios dirá qué será de ti mañana.

Me miro. Me miro abundando en provecho y acierto 
En la diana del camino de esta la mía vida 
y sin pensarlo ahogo las horas de mi aliento; 
me consumo. Mi voz se arranca y mi füerza fina 

se torna. Mas nada ya preocupa a mi ser entendido 
que la plena vida vivida. Y sin resignación 
a algo efímero debida, levanto decidido 
mi pecho. Pero algö a mí, duda y exaltación 

me provoca: La tierra aplasta mis hüesos que 
sin movimiento ni aire, polvo sucio respiran 
aquí o allá en otro mundo. Y así, summo gradu de 
mi muerte tomo conciencia con gusanos que me miran. 

Porque ayer lo era yo
todo y hoy soy más de nada.
¿Mañana?
Dios dirá qué será de mí mañana.


Le observo. Le observo intentando alcanzar su rostro, 
pero una mala criatura lo devoró al fin. 
No dejó huesos ni alma, ni facha; sólo monstruo 
del futuro aterrado por la muerte. Y él sin 

firma ni nombre al olvido queda castigado. 
Beberá sangre de polvo y su éxito en la niebla 
se esfumará. Más de nada en su epitafio clavado 
queda. Ni rostro ni facha, simplemente piedra. 

Porque era ayer él
todo y hoy, poco de nada.
¿Mañana?
Dios dirá que será de él mañana.

Y terminado todo, en el corazón todavía 
una luciérnaga encendida continúa allí. 
¿Será la esperanza ésta? ¿O simple majadería? 
Lo primero fue verdadero, lo segundo pereció 
con el aliento del cadáver de sombra y tiniebla. 

Porque ayer éramos
todo y hoy sólo queda la esperanza.
¿Mañana?
Dios dirá que será de nosotros mañana.

 Néstor, Poeta a los 18, Luces de Esperanza:  II luz de esperanza.

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