El peloteo es el deporte por excelencia, incluso más que el fútbol. Es una actividad internacional que todo el mundo ha realizado, al menos, una vez en su vida. Y, algunos, ya son catedráticos en ella.
El peloteo comienza desde la infancia con un "amigo" en el que vemos algún tipo de interés, aunque este interés es más económico que cualquier otro. El pelota comienza su táctica al acercarse a la presa disimuladamente y poniéndose detrás de él. Después de enterarse más o menos de la conversación - si está hablando con alguien, táctica estándar del pelota - hace una pequeña pero a la par grandilocuente intervención sobre el tema a tratar. Ante el shock original, la presa va cayendo en las redes del pelota y va tratándose con él. El objetivo ha caído en la trampa. Después, el resto es coser y cantar: el pelota le come la oreja a la presa, a la presa le gusta la atención que le brinda el pelota y, ¡tachán!, en el momento más inesperado, el pelota le pide a la presa dinero, el último videojuego de moda, el cromo que le falta de Cristiano Ronaldo o hasta sus calzoncillos. Y la presa, como un corderito, cede ante la proposición e incluso estaría dispuesto a darle un plus.
Lo que quiero decir con ésto es que a los españoles nos encanta el nuevo deporte rey y no sólo que nos lo hagan, sino también hacerlo. Veo a diario demasiado peloteo, un peloteo extremo en muchas ocasiones que busca una mejora de una nota, un positivo en una asignatura...y algunos, muy idiotas ellos, harían la pelota hasta por un mísero caramelo.
No me gusta el peloteo extremo, es más, me parece una práctica poco ética. Reconozco que a veces es necesario un ligero peloteo si vamos a trata temas delicados con los demás pero todo lo que se lleve al exceso no es bueno.
No quiero pelotas en mi vida, quiero gente con agallas que se haga valer y que consiga por méritos propios lo que quiere. No quiero que me hagan la pelota, quiero que me pidan las cosas a la cara y que tengan la caradura de mirarme a la cara mientras les digo un no rotundo. ¿Por qué tengo que dejarte un cosa a un individuo que jamás me ha hablado durante el curso y ahora tiene la desfachatez de pedirme algo? ¿No ves que se le nota demasiado el plumero?
Animo a la gente desde aquí a que deje esta práctica, si es que la realizan, dado que, aunque los resultados que se consiguen con esta práctica son rápidos, personalmente no se consigue ninguna satisfacción. ¿Dónde ha quedado la alegría que siente uno cuando consigue algo que ha estado persiguiendo por tanto tiempo? Parece que la gente se contenta sólo con el resultado y se olvida del sentimiento cuando debería ser al revés: lo primordial es sentirnos orgullosos de lo que hacemos por nosotros mismos sin pelotear a nadie.
Irene.
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