Aquello que logré entender, salvando las distancias ante el desconocimiento de la lengua catalana, fue algo así como un diálogo entre dos personas donde una le preguntaba a la otra "¿Qué es un ángel?" y su compañero de habladurías le repondió "Disfrazarse de estrella". Acto seguido, satisfecha su curiosidad el primer parlante añadió unas palabras que hacían ver que lo había entendido, pero después llegó lo más tierno y hermoso. "¿Y qué es la muerte?" preguntó de nuevo. Y lo que el otro le contestó siempre se quedará grabado en mi recuerdo: "convertirse en estrella".
Eso fue lo que me hizo pensar, lo que me obligó a salir de este mundo en conciencia y pensar y pensar. Tanto pensé, que me dejé llevar al borde de la disertación o la introspección y por fin, caí en ellas. Dicho pues, me entró una angustia en el corazón al pensar lo que podría suceder cuando yo ya no esté en este mundo. ¿Qué será de los que me rodean? ¿Qué será de mis hijos cuando los tenga si los tengo? ¿Y qué de mi mujer si algún día me caso? ¿Qué de mis amigos, de mi hermana o de mis padres si todavía viven? ¿Qué será de mi deseada y futura carrera política o de la literaria? Pero más angustioso que la angustia que me incitaba dicha duda era la ignorancia: "No lo sé".
Lo único que puedo afirmar es que me convertiré en una estrella más del estelario infinito de la muerte, pero tampoco sé si brillaré o simplemente me taparán las nubes. Y esto, si por algún casual el diálogo de aquellos dos personajes contaba cosas ciertas.
De momento, sólo me queda vivir con la angustia de dicho momento e ir configurando mi vida día a día para cuando llegue mi final, quizá lejos, quizá cerca, ¿quién lo sabe? Ni Dios quizá lo sepa. Pero lo único de lo que estoy cierto es que no sé nada. Mi vida, pues, se convierte en un mundo sin mapas donde no sé a dónde llegaré, a dónde regresaré si es que he estado antes de nacer o a donde terminaré por ir. Y no me llameis loco por pensar en lo que quede después de la muerte, porque todos los hijos de la vida que tenemos alma nos preguntamos alguna vez sobre ello, auque lleguemos a esconderlo. Y por eso me disgusto, y por eso pienso y por eso me desconcierto, porque no sé nada de lo que sucederá el día que ya no esté aquí.
Néstor.


Me ha gustado mucho, también he caído en esos pensamientos muchas veces.
ResponderEliminar@MaximFlynn